El día de mi visita al Children Village de Xi’an, en las afueras de la gran ciudad, los niños estaban de fiesta. Ese día había un montón de visitantes en el centro y los críos recibían golosinas y regalos.Me impresionó la manera en que las niñas se trataban entre ellas. Como compartían sus dulces y sus juguetes… Y como cuidaban de las más pequeñas.
Al rato de conocerme ya estaban colmándome de atenciones. Creo que nunca he llegado a beber tanta agua caliente como ese sábado. Me la ofrecían de sus pequeños termos decorados con dibujos de la gatita Kitty o del bueno de Snoopy.
Sus risas flotaban por el aire en las casitas donde comparten sueños y desilusiones.
Continuamente me agarraban de las manos y me contaban cosas que yo no lograba comprender… Por eso alguna intentó aclarármelo por escrito… Y me perdí en un jardín de caracteres preciosos que solo conseguían divertirme.
Ellas arrugaban su nariz como máximo enfado por el hecho de que yo no hablara chino.
Pero no pasó mucho tiempo hasta que logramos entendernos.
Llegamos a contarnos cuales eran nuestros helados favoritos, y cuales nuestros animales. Supimos en que año habíamos nacido y cual era mi nombre en chino.
Incluso llegué a saber quien soñaba con ser una estrella en el firmamento.
Los niños resultaron un poco más caros de ver. Andaban más a su aire.
El domingo ya me había enamorado de una de las niñas. A veces los flechazos son inevitables.
Ese día mi barriga se partió en dos. Supongo que como consecuencia de un trago de agua de ducha, involuntario.
Dos de ellas me cuidaron con ternura mientras pasaba buena parte de la tarde tumbada en una de sus camas.
Por la noche nos acompañaron hasta el taxi y se despidieron de nosotros con lágrimas en los ojos. Koen les prometió que volvería el fin de semana siguiente… Y volvió.
Los niños del Children Village en Xi’an están hechos de otra materia.
Mientras regresaba a casa en un vuelo interminable no podía dejar de pensar en sus caras, en sus miradas, en las muestras de cariño que me habían regalado.
Mientras todavía sobrevolaba China ya sabía que un día regresaré a visitarles.
Quedó pendiente explicarles que hay estrellas que no brillan desde el firmamento. Algunas lo hacen desde la tierra… Desde unas casitas pequeñas en las afueras de una ciudad grande. Y aunque sus destellos limpios pueden hacer que te duelan los ojos, ellas desconocen que son estrellas.
Rosa
Coordinación MTSpain





